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"Y es que el universo siempre conspira a favor de los soñadores"

jueves, 20 de agosto de 2015

Una al vida revés.

Me pierdo en esas mentiras que llamamos “piadosas” sólo para seguir reconociéndonos en el espejo.

Se me traba la lengua y me muerde la conciencia con cada uno de los “quédate” que no pronuncié. Me sangran cada uno de los párpados que abro sin ver.

Se me atragantan los besos que nunca (te) di. Se me duerme el pie, la culpa y la razón.

Me pierdo con cada paso que doy sin encontrar tus huellas en mi camino y es la razón la que me pierde a mí si te acercas y me pides que aguante sin besarte.

Y entonces me encuentro revoloteando en el estómago de aquel gigante que algún loco llamó molino. Y las paredes me agitan, se disuelven mis dudas con tus sonrisas y otro alguien me sube por su garganta, me pronuncia en sus cuerdas y me vomita a la realidad.

Y ahora soy mejor, soy de colores, huelo a algodón.

Y pienso con los pies.
Beso con los ojos. Miro con la nariz. Escucho con los dientes y respiro con y por tu aliento.

Y siento con los nervios, toco con los huesos y te sonrío con cada poro de mi piel.

Bajo escaleras que sólo cuelgan del techo. Saboreo los huesos que tiran al perro.
La última vida de un gato me reta a una noche de desenfreno.
La basura me arranca de mi cómoda vida, me baja al mundo y me lanza al cubo de las historias sin finales cuerdos.
Esos locos me señalan con el dedo mientras muerdo a una araña y le regalo mi veneno.

Quizás ese folio en blanco sepa más de mí que yo misma. Quizás eso de envejecer sólo sea una broma más de la vida, que sea cierto eso de que se puede ganar incluso perdiendo y que, ciertos destinos se escriben a ciegas y con espinas en los dedos.

Quizás los finales felices, las moralejas y los refranes no nos encajen del todo.

Y ahora escurre las penas, levanta la vista, guarda silencio y contempla cómo ese par de perdices se divid-SSSSSSHHH El cuento está a punto de empezar.



viernes, 7 de agosto de 2015

NoventaSesentaNoventa.

Ellas, que ya no sólo visten sino piensan como vosotros imponéis.

Ellas, que posan divertidas, casuales, perfectas.

Ellas, que disfrutan de esa clara fotogenia que alguien les otorgó con el único fin de sumar más aliados de guerra, más compañeras a las que dirigir, risueñas, a la muerte.

Ellas, que sonríen a la cámara y engañan a cualquiera. Ellas, con uñas postizas, pestañas perfectamente curvadas y, aun así, dolor en la garganta.

Ellas, que parecen realmente princesas, seres superiores, musas de poetas y pequeñas diosas de revista.

Ellas, frágiles y débiles. 
Ellas. 
Las mismas que siguen sus ridículos patrones creando cánones sin sentido que atentan contra la natura, la lógica y la propia existencia.

Ellas que, disfrazadas de inseguridades y miedos limitan sus sueños al tallaje de una 34.

Ellas, que miden la belleza en tres dígitos y no entienden de magias, ni trucos, ni cosquillas en la espalda.

Ellas, que cuentan la vida en porciones (Y castigos.)

(Y cortes.)
                           (Y hemorragias.)
                                                                    (Y pastillas.)
                                                                                                     (Y lágrimas.)


Y ahora dime pequeña reina de los focos, "y si el mundo fuera ciego, ¿a cuántos impresionarías hoy?"


viernes, 10 de julio de 2015

Aquella noche

Decías que las letras no eran lo tuyo sin ni si quiera prestar atención a las miles de composiciones que se encontraban inscritas en tu piel.
Solías decir eso de que las personas como tú no entendíais sobre los poemas y sus rimas y no te haces una idea de las veces que llegué a conjugarnos el verbo "ser" con cada una de tus sonrisas.

Me encantaba el hecho de que te sintieras tan lejano a todo esto, tan fuera de lugar; se trataba sin duda de otra clara ironía de la vida. Cómo alguien como tú no iba a entender de versos inacabados siendo, a su vez, el mejor ejemplo para entender la literatura, la creación, las noches en vela y hasta los márgenes escritos.

Por mucho que mi orgullo lo niegue he de reconocer que disfrutaba como nadie teniendo el privilegio de leerte entre líneas. Me encantaba eso de que fueras mi libro de mesilla en noches incompletas.
La verdad es que perdía el conocimiento con cada final inesperado en el que decidías calmar mis ganas con un punto y aparte (pero nunca final)

Me embriagaba con cada una de las metáforas que encontraban tus manos para explicar el milagro de la vida. Me recreaba en tus comas, arqueaba la espalda, besaba los puntos y me dejaba encontrar en cada uno de tus silencios suspensivos.

Encontraba en tus mayúsculas un buen lugar para comenzarte, en cada guión un momento para hablarte y en cada par de paréntesis un pequeño hueco para explicarte mis grandes dudas y fraudes.

Aquella noche, después de gritar en tus exclamaciones, me miraste a los ojos y trajiste contigo de vuelta a Neruda, Alberti y Machado, y entonces pude comprender que tú eras íntegramente aquello a lo que los valientes llamaban "poesía"



miércoles, 10 de junio de 2015

Fila 16, butaca 3. Gracias.

Truena mientras llaman a la puerta, y no sé si temerle a la tormenta o a que vuelvas -y te instales.-

Se mojan las futuras despedidas mientras a mí me atrapa, me muerde y me escupe la culpa.

Me río del “yo” de antes que se lanzaba al vacío. El mismo que bailaba al borde de cada uno de tus precipicios y jugaba a pescarte la luna en los charcos de esta ciudad. Me río yo de él, de sus fuerzas, de sus ganas, de su risa. De su irracional i n o c e n c i a.
Me río yo de mí. 
De mi “yo” del pasado, de aquél que se ahogó queriendo salvar hormigas de barro.

Truena.

Los cristales tiemblan, las paredes se agrietan y ella se desploma, se deja caer. Deja de ser mientras choca contra el suelo o la realidad y su mente se expande, vuela. D e s c o n e c t a. 

Esta vez no hay últimas oportunidades, ni gatos en los tejados, ni alfombras que despeguen y te pongan a salvo. Esta vez no hay nada, y por no haber no hay ni hogar, ni chimenea, ni abrazos que sostengan.

Pasen y tomen asiento, la realidad está a punto de empezar.