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"Y es que el universo siempre conspira a favor de los soñadores"

sábado, 29 de octubre de 2016

Cerebros desnutridos

Oscuridad. Vacíos inmensos. Miedo. Prisas. Mismas ideas, mismos complejos, mismos sueños.

Cadáveres sentados frente a la caja de las mentiras creyéndose cultos, creyéndose doctos.
Despojos de vida.
Harapos de chispas.
Cadáveres que ríen, mientras tratan de tapar sus fugas con vicios prohibidos que ahora están a la orden del día. Cadáveres disfrazados de alguien que no son. Mujeres que se aliñan, que se esconden de ellas mismas, que voltean la cabeza frente al reflejo de lo que realmente son. 

Aceptación negada. Búsqueda frustrada. La soledad rompiéndote las ventanas.

Personas a medias  que se regalan al completo sin ni si quiera conocer el valor de sus ideas, la fuerza de sus pestañas. Hombres que buscan en cuerpos ajenos aquello que les falta. Hombres que pierden la paciencia, que gritan y luego se calman. Hombres a los que nadie les enseñó que para encontrar sólo debían mirar dentro.

Cadáveres. Todos vivos pero cada vez más muertos.

Individuos inertes, estáticos. Sin rumbo ni metas. Individuos más pobres que nunca, más solos que nunca, más maleables que nunca, más absorbidos que nunca, más estúpidos que nunca.

Cuerpos abocados al incendio. Manos en desuso. Cerebros desnutridos.

Cadáveres llevando flores a su ombligo, haciendo éste cada vez más grande, dificultando así la salida de ellos mismos. Cadáveres cavando su propia tumba emocional, sembrando semillas de humo, regando las aceras para ver crecer la nada. Cadáveres inmersos en el mundo que guardan en el bolsillo. Esclavos de la apariencia, de la aceptación en una red de muertos inmortalizando momentos al alto precio de no vivirlos.

Sociedad axfisiante. Lenguas corrosivas, abandonos anunciados, heridas que no curan.

Cadáveres obviando las puestas de fuera. Las hojas de fuera. Las nubes de fuera. Los charcos de fuera. Los niños de fuera. Las flores de fuera. Las sonrisas tímidas de fuera. El viento de fuera. Las ramas de fuera. La  vida de fuera.

Miradas vacías de personas vacías en estado de espera.
Aletargamiento emocional.
Mañana será otro día.

domingo, 25 de septiembre de 2016

La conquista más bonita la llevaron a cabo tus manos

Quiero que te aprendas cada uno de los lunares de mi espalda, que traces una línea con todos ellos y, que ésta, te sirva a modo de amarra donde poder agarrarte cuando todo tu mundo se derrumbe.

Quiero que claves tu bandera en cada uno de los huesos de mi columna vertebral. Que me negocies a base de besos en la nuca, que explores mis costados, recorras mi envés con la punta de tu lengua y conquistes el final de la curva de mi espalda con las tropas de tus dedos.

Quiero que no tengas piedad con las playas que encuentres al paso de tus yemas sobre mi piel. Que no te preocupes de las marcas que en ella dejes ni de lo que puedan llegar a decir de ti, en un futuro, los mejores libros de historia. Quiero que entres en mí, sin miramientos, sin cautela. Quiero que entres y arrases con todo signo de vida humana previo a tu llegada. Que me hagas arder, para purificarme -o matarme del todo-, pero a mí conmigo, a mí sobre ti.

Quiero que busques en mi cuello el lugar adecuado donde encajar tu mandíbula y echarte a crecer. 

Quiero que me busques las cosquillas y te encuentres con escalofríos llenos de vida en la profundidad de mi ser.

Quiero que hagas llover entre mis piernas mil y un diluvios que susurren tu nombre.

Quiero matarte de sed. Hacerte naufrago de mis mares y ofrecerte una costilla a modo de salvavidas hasta que la tormenta amaine.

Quiero que te enfades por ello. Que saques tu artillería pesada y me desarmes contra el filo de cualquier libro, rompiéndome la boca con cada aliento que me escupes.

Quiero que me agarres de la cintura, me separes en dos vertientes y me mires a los ojos mientras galopas hacia el epicentro de mi vientre. Que encuentres en él el punto exacto donde quedarte a vivir de por vida. Donde regalármela a mí.

Quiero que el ansia de llegar a tu destino escondido entre mis muros te haga desbordarte de tus propios límites. Que te crezcas sumido en mis vaivenes, que vuelvas a mirarme a los ojos por última vez antes de morir; sentir terremotos en mis piernas, desglaciaciones en mis muslos, estallido de ti.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Gooey

Me he comprado dos espejos para ver si frente a alguno logro reconocerme la verdad.

Me come la culpa mientras yo me encargo de vomitar los trozos atragantados de un arrepentimiento que llegó tarde a mi garganta.

Pasan los días y yo paso con ellos volviéndome cada vez más verdugo, menos víctima.

Sería casi tan hipócrita por mi parte como estúpido, llorar nuestra muerte cuando fui yo quien nos disparó mirando hacia otro lado. La misma que, tras oír el disparo, corrió a esconderse en el pecho de alguien que nunca quiso ser refugio de locas.  Aquella que fingió consolar tu falta en la espalda de un extraño al que le siguieron dos más.

Aún hay días en los que me despierto y sigo encontrando en mis manos restos de sangre. Quizás es que traté de curar una herida mortal con parches del jardín de infancia. Eso explicaría por qué aún no has dejado de sangrar. 
Quizás deba dejar que nos entierres. Llorarnos y asumir que estás mejor sin mí. Al fin y al cabo nadie merece que acaben con él por la espalda.


Supongo que ha vuelto a suceder, pero esta vez no nos llevaré flores. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Mirar a los ojos a la felicidad


Desde  que te conozco, me tiembla el pulso cada vez que firmo una carta con mi nombre.
Desde que te conozco, los dientes de león se pelean entre ellos por soplarme la sonrisa.
Desde que te conozco, no hay noche oscura que me atrape del todo y me lleve con ella.
Desde que te conozco, los árboles se abrazan y dibujan nuestra suerte en mis sueños.

Mirarte es contemplar mi futuro en pequeños fascículos.

Todo esto ocurre desde que te conozco, porque antes de  conocerte yo vivía la vida de un modo distinto.
Saltaba de error en error y siempre me sobraba algo de impulso para cometer otro. Me despertaba esperando la noche del día siguiente y cuando ésta llegaba lloraba porque desde donde estaba no alcanzaba a ver el sol.
Me encantaba correr, sobre todo si era a los brazos del que menos me convenía.


Mirarte es afrontar los problemas y encontrar en ellos mi versión más fuerte.

Vivía deprisa, sin percatarme de mis pasos ni del camino que trazaban. Vivía una auténtica mentira. Una de esas mentiras que hasta el propio autor, tras repetirla, acaba creyendo con fuerza.

También bebía. Bebía demasiado, tanto de ellos como de sus vasos, y a pesar de ello nunca fui capaz de dar con aquél que calmase mi sed por completo.

Jugué con fuego y me quemé, como todos. El problema vino después, cuando con los dedos abrasados y el corazón en un puño, lancé los dados pidiendo la revancha.
Entonces ya fue tarde para salvarme. Cogí mis pertenencias, cerré mis párpados y me enterré sin saber que ya tenía el alma calcinada.  

Mirarte es sentir el milagro de su obra en la tierra y recobrar la fe.

Desde que te conozco, las estrellas salen antes de que anochezca y la física entra en contradicción.
Desde que te conozco, es la vida quien pide permiso llamando a la puerta y no yo.
Desde que te conozco, me lloran del cielo hojas caducas que apuestan por los dos.
Desde que te conozco, me siento calmada. Saboreo la paz que irradian tus manos y bebo de ti sin necesitar otro agua donde redimir mis pies.

lunes, 22 de agosto de 2016

Autocrítica XXIII


Si vienes a calmar mis miedos ya es tarde. No es a mí a quien tienen.
Aún así, puedes quedarte.
Quédate.

Quiero hacer en el epicentro de su vientre, justo donde habita su ombligo, un agujero negro que me devuelva, escupiendo, todas las mariposas que olvidaron en el mío sus larvas. Quiero enseñarle mis peores escombros, las ruinas que llevan su nombre y aquel entierro al que, sin flores de por medio, se atrevió a presenciar. Juro no volver a ser la séptima cuerda de nadie.

Quiero mostrarte cómo baila el alma, cómo sí que existe. Ella y los miles de hilos que unen sus vértices con cada una de las yemas de tus dedos. Quiero mostrarte todo esto, sin ánimo de lucro, sólo para que entiendas que cuando acaricias mi espalda no sólo soy yo quien se ríe, ella también tiembla.


Aún soy más rápida que mi propio reflejo, no temas.
Te aseguro que estoy bien, mamá. Y si dejo de estarlo no crearé nuevas líneas de meta en mis brazos, me limitaré a abrir aquellas que se atreven a cicatrizar para así recordar el dolor de lo que no quiero querer. De lo que no te mereces ver.

Quiero sacar de mi laringe un grito callado que llevo anudando desde el momento en el que perdí mi integridad en una cama con más años que yo. Me siento vieja y vacía cuando me acuerdo de ti. Y vulnerable. Vivienda de ocupas entrando a patadas. Vagón miserable de mercancías podridas. Me siento veleta de tus vapores nauseabundos, velero varado en el lodo de tu existencia. Todas con V. Con V de vida robada, de vanidad en tu rostro, de vaivén presuntuoso, de vicio calmado, de venganza.
De venganza que yo jamás llevaré a cabo.

lunes, 8 de agosto de 2016

De mayor quiero ser estrella.

Me encanta pasear contigo sin que lo sepas. Llevarte a mis rincones favoritos y decirte que ahí, si pudiese, también te besaría.

Me gusta sentarme frente al mar y leerte un poema en silencio que, aunque pronunciase con todas mis fuerzas, jamás escucharías. Me gusta tenerte de esta forma en la que, sin estar, siempre acabo encontrándote.
Me gusta esto. Creo que podría acostumbrarme. Salvo a tu no estar, aquí. Conmigo.

Ayer, antes de que se fuera con el sol nuestra última oportunidad de redimir el mundo, supe que sería una noche diferente. Germinaron los deseos en su manto y sólo aquellos con el alma rápida sonrieron esa noche.
Yo, aún sabiendo que no estaba del todo bien o no lo suficientemente mal como para parar, no quise dejar de escuchar. Nunca antes tantas estrellas habían hablado a gritos de la misma persona.  

¿Y quien soy yo para contradecirlas? Para mí también es difícil mirar hacia otro lado cuando eres tú quien cruza la calle. Y claro que sé cómo caminas, cómo te mueves. Por saber sé hasta como -me- esperas y eso ellas, por muchos años que me lleven de ventaja, jamás podrán sentirlo.
Así que me quedo con mi mortalidad, con mi fragilidad, con mi pequeñez. Me quedo con todo aquello que me hace más persona. Me quedo con mi bipolaridad, mis emociones a flor de piel y mis desbordamientos a pie de precipicio sólo para sentir como me contienes, como vuelves a salvarme sin ser consciente.

Y cuando llegue el día que no te reconozca a través de mis manos, que deje de toparme contigo en cada árbol que se meza despacio,  en cada poema sin nombre. Cuando el verbo “esperar” deje de ver contigo y a la palabra “ganas” no le sigan tus manos entonces renunciaré a todo aquello con lo que algún día me quedé. Y suplicaré, con el alma rápida, ser otra más de esas que hablan de ti en noches abiertas.

sábado, 11 de junio de 2016

02:45

Es la hora. 
Coges las sombras a tu antojo y empiezas a dibujarte. Caminas hacia mí, sin prisas; yo sin moverme. Es absurdo huir de aquello que vive en ti.

Tengo miedo.

Parece que lo sientes. No es lo que quieres.

Tu cuerpo se acerca, el mío lo siente. 
Tu aliento lo hiela todo por completo. Mis músculos responden, y empiezas a teñirme el rostro de vida. Saboreo mis labios y encuentro en ellos todo el óxido acumulado de las cadenas que me regalaron al nacer.

Ahora todo sabe un poco más a vida que se escapa de entre los dedos, a suspiro inacabado, a perdón jamás pronunciado.

Las voces de un pasado me gritan desde dentro. No las entiendo.

Tengo miedo.

Tus manos se apoderan de mi espalda. La presión me rompe las vértebras. Siento como se astillan, una a una. Intentas acomodarte pero hay demasiados órganos entre tú y yo. Justo ahora me oprimes el pulmón derecho. Apenas puedo respirar, pero eso no parece preocuparte.

Intentas ponerte de pie. No, no lo hagas. Eso duele.

Aún no hay sitio para los dos.
 
Tengo miedo.

Comienzo a sentirte más real, más claro, más fuerte. Volteo mi cabeza y hasta soy capaz de verte. Entonces me deshago. Me pierdo en la oscuridad. El ventilador mece mi consciencia mientras yo me dejo desdibujar hasta el extremo de tocarme y no sentirme.

Entonces te encuentro en mí, respirando mi aire, taponando mi sangre, acariciando las cicatrices de mis brazos. Y yo, yo ya no estoy.

Luego despierto, justo a tiempo. ¿Pensabas irte sin despedirte?

Me sientes, te giras; me miras, me hielo. Y entonces juro leer en tus labios inertes que pronto volveremos a vernos.

miércoles, 6 de abril de 2016

Sonríe, aún nos tenemos.

Puede que no sepa expresarme del todo bien. Que haya días en los que no encuentre las palabras adecuadas y tengan que ser ellas las que vengan hasta aquí y me encuentren. Tirada, dormida, sin ganas.

Puede que nunca dé con el tesoro del que tantos años llevo hablándole al mundo.

Puede ser que mis manos dejen de sonar suaves y se tornen dagas nacidas para herir tu piel.

Puede que un día me mires y no me veas.  Que me vaya y no lo notes. Que te grite y ni te inmutes.

(Sonríe.)

Puede que una noche, en un intento de ser tu isla favorita, descubra que eres el barco-aunque de papel- de los océanos de otras. Puede que me ría panza arriba o que no soporte esto. Puede que llore palmeras sin raíces y que me vuelva seísmo ante tus ojos sólo para que destruyas las ganas y los peces de todas ellas.
(Sonríe, cariño)

Puede que tras cientos de muertes no quieras volver a hacer castillos de arena en mis piernas. Puede que me odies o puedo ser yo la que aborrezca tus dobleces.

Puede ser que no vuelvan a llegar mensajes en botellas a mis pies, ni que seas tú el que se las beba enteras y sople hasta mí.

(Sonríe)

Puede que algún día me desmorone por completo y tú, queriéndonos salvar, prendas fuego a todos mis yoes erróneos del pasado. Puede que, tras esto, te sonría liberada, flamante y con un par de remos por brazos que me alejen de mi crecida. Pero también debes saber que cabe la posibilidad de que no quiera respirar el aire que me regalas y que, en el último segundo, decida quedarme el resto de tu vida rezando por cada una de mis almas calcinadas.

Puede ser que el “puede” nunca llegue o que mañana mismo no nos encontremos al toparnos, aún así, sea como sea, sonríe y hazlo ahora. Por ti, por mí, por el momento.

-Sonríe cariño, aún nos tenemos…-

martes, 29 de marzo de 2016

Sólo así seré verdad

Miénteme.

Dime que no te irás jamás. Que seré “esa” entre un millón.

Que prefieres mis malas lunas a todos aquellos días que puedan regalarte. Que te encanta como huele mi pelo, que siempre está peinado y que cuando se enreda no es por mi culpa. Es el viento que, como todos, intenta inútilmente apresarme y hacerme un poco más suya.

Miénteme.

Dime que me quieres así, tal cual. Sin cambios, sin modos.

Que nunca has recorrido un camino más bonito que el que trazan para ti mis lunares con cada prenda volada. Que te quedarías a vivir en la curva de mi espalda. Que sonríes a la nada cuando me escuchas cantar desde la ducha. Que entiendes mis ideas descabelladas y apoyarías hasta mi última revolución si eso me hiciese más persona.

Miénteme.

Dime que te tendré siempre al otro lado de la almohada.

Que no tendrás prisa en irte, ni siquiera curiosidades que resolver en otro colchón. Que jamás te cuestionarás nuestro porqué. Que me regalarás cada mañana un nuevo motivo. Que seré tu elección cada noche, tu consecuencia al despertar. Una rutina a la que no te costará aficionarte.

Ahora mírame y déjate de mentiras, aunque a veces sea yo misma quien te las pida.

Mírame y dime que siempre tendré la puerta abierta. Que por tener, incluso tendré una llave por si cambio de idea detrás de la maceta.

Mírame y dime que habrá días en los que me echarás de menos, pero no por eso odiarás mi huida ni nuestro mejor recuerdo.

Mírame y dime que puedo irme cuando quiera, que no tengo por qué quedarme, que se canta más cuando se vuela alto y entonces yo, con sólo esa verdad tuya, empezaré a mentirte
- pero sin mentiras. 

domingo, 20 de marzo de 2016

Bandera roja, prohibido bañarse.

Soy un simple vaso de agua que se ahoga en sus propios sorbos. La imagen de alguien que rio cuando todo el mundo deseaba llorar en su nombre.
Soy el charco del que beben mis peores pájaros. Las migas que tira el niño, el impacto contra el suelo, las hormigas que roban su camino, el pie que las extermina. La injusticia de todo esto.

Soy todo lo que quise ser y aquello de lo que me avergüenzo.

Me he cosido los ojos con dulzura para no verte caer de nuevo. Llámalo cobardía, pero sólo quiero salir inmune de tus miedos.

No estoy aquí para realimentarnos de nuevo. 
No quiero huir de monstruos que habitan dentro.

Quédate con tu mar, yo te regalo todas nuestras medias canciones en caracolas sin nombre. No puedo hacer más. 
Hoy ondea tu cabello más rojo que de costumbre, con más nudos que ayer pero, aún así, con menos fuerza que mañana. Hoy se esperan fuertes tormentas con olas de 1´52 metros de altura y sonrisa caduca. 
-"Hoy las dos sabemos que es tu gran noche, y yo, yo no me dejo acercarme."-
  
No volveré a marcar tus logros en mi piel.


No volveré a abrazar tu daño.


No volveré a acallar mis gritos.


No volveré... No volverás.

domingo, 17 de enero de 2016

A eso...



A tierra fértil que espera mojada.
A flores silvestres.
A leña cortada.
A especia oriental que adereza y mejora, pero nunca disfraza.
A cielo despejado.
A calor de chimenea. A verano en tus manos.
A viento que susurra, despeina y te lleva.
A luces frenéticas.
A persianas bajadas.
A ciudad que se acuesta cuando todos despiertan.
A mineral precioso que late por sí solo.
A marea que sube.
A río que baja -y embiste.-
A miedos perdidos.
A batalla ganada.
A mar en calma con olas que salvan.
A revolución instantánea.
A moraleja sin cuento.
A libertad dibujada.
A poema incompleto porque no suenan palabras.
A manantial que cura.
A perfume de vida.
Al “Sol Naciente” de Monet secándose en mi ventana.
A estrella que cae.
A mundo que redime y comienza sin prisas.
A sonrisa que crece.
A deseo cumplido y a paz encontrada.

A eso. A todo eso huele y sabe tu alma.