Seguidores

"Y es que el universo siempre conspira a favor de los soñadores"

sábado, 26 de diciembre de 2015

Psique

Hoy, mientras dormía, una niña con ojos de trueno y mirada de tormenta ha venido a arroparme los miedos.  Me ha peinado la conciencia mientras tarareaba la canción que una madre algún día nos enseñó cuando aún éramos de nadie.

Se ha sentado en mis costillas y ha ido desmembrándome las razones que me ataban a su ayer.
Se ha acurrucado a mi lado y, uniendo los lunares de mis brazos, ha empezado a hablar de caminos propios y destinos programados.

Hoy, mientras dormía, una niña con curvas en los dientes y antojos de fresas me ha sonreído desde abajo y ha traído consigo los llantos de dos almas que compartieron un pasado.

Hoy ha venido Ella a acariciarme los errores, descolocarlos y soplar sobre ellos para que yo pueda dormir sin el peso de una culpa que alguien hizo mía.

Hoy, al fin, ha venido.


Ha venido y se ha quedado (mientras se iba) trayendo en sus mejillas un par de lunas para cada noche.

domingo, 6 de diciembre de 2015

"Será nuestro secreto"

Tengo el corazón embotado de un dolor que ya no es mío.
Unas cuerdas que gritan un desgarro continuo que ya no sufro.
La culpa de no ser quien querían que fuese.
Las lágrimas de una niña que ya no me conoce.

Tengo un gato que me invento. Un perro que lo persigue y del que yo siempre nos salvo.
Tengo un cuenco de leche en el suelo que siempre vuelco cuando vuelvo sobre mis pasos. Y entonces ellos se despiertan asustados, cargan el atrapa sueños y entran en mi cuarto. Yo me hago la dormida, así todo está bien, me digo. Así todo es más fácil, me calmo.

Entonces él se acerca y calla mis labios. 
-Tranquila pequeña, será nuestro secreto- me dice despacio.

Tengo el corazón embotado de un dolor que una vez fue mío.
Unas cuerdas que gritan un desgarro continuo que a veces sangra.
La culpa de no ser quien debería haber sido.
Las lágrimas de una niña que me abraza callada.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Sólo a veces

No sé qué habrás visto de interesante en este caótico desorden de ideas que atormentarían a cualquiera que se atreviese a leerlas.

A veces, me siento como el boceto al que todavía nadie ha puesto ni risa ni base ni cielo.

No sé qué te habrá llevado a querer quedarte aquí. A instalarte en un sinfín de vaivenes, en un desastre continuo, en una interrogación infinita; sin luz, sin salida.

No entiendo que haces todavía deambulando por mi mundo. Con lo fácil que es quererse a medias. Besarnos ahora, desvestirnos con prisa y olvidarnos después.
Con lo sencillo que sería encontrarse como lo hacen dos cuerpos llenos de nada, con la hora justa para desaparecer y volverse a descifrar un par de días después.

No sé por qué aún no has huido de mis eternos mares o por qué ni siquiera te has puesto a salvo cuando acordonaban mi perímetro temiendo posibles derrumbamientos.  

No sé por qué sigues regalándome la espalda. 
Por qué acaricias y susurras cada una de mis vértebras cuando amenazo con convertirme en río y arrasar-me del- todo.

No sé por qué te empeñas en besarme las miserias, recoger mis escombros y reordenarme después. Ni tampoco entiendo esa bonita forma que tienes de convertirte en “hogar” y quedarte a vivir al borde de un acantilado desde el que se despeñan todos y cada uno de mis intentos de ser alguien mejor. 
-Uno tras otro.-

A veces, reconozco, que me siento en deuda contigo. A veces me da miedo no saber.

No sé qué habrás visto o creído ver, ni siquiera sé qué es lo que exactamente te habrá hecho quedarte con un despeinado cúmulo de catástrofes habiendo tantas mujeres no-rotas por el mundo.
No sé qué te habrá hecho elegir a un caos mal distribuido, a un error que siempre se repite y nunca se enmienda, para verte amanecer.


A veces, me gusta no entenderte. No saber bien tus motivos y aun así seguir encontrándote.



domingo, 4 de octubre de 2015

La especie inteligente.

Crucificamos a la verdad.

Ajusticiamos a la razón.

Matamos a aquél que sólo nos podía salvar.

Sembramos odio y rencor. Nos empeñamos en hacer crecer una semilla en tierra podrida. Quisimos llegar arriba sin ninguna raíz que nos sirviera de cimiento, de agarre, de contrafuerte.
Crucificamos, ajusticiamos y matamos. Y lo único que conseguimos fue quedarnos huérfanos de existencia, huérfanos de esperanza. Aniquilamos toda nuestra última posibilidad de llegar a ser y, por un momento, creímos que así estaríamos bien.

Creímos que con nosotros bastaba –y así nos fue-.

Y entonces comenzamos a caer, a llenarnos los vasos hasta arriba para ahogarnos en ellos después. Comenzamos a rodar por laderas que nunca acababan, a escribir nuestro final, nuestra propia desdicha. Creamos precipicios, túneles sin luz, pozos infinitos, abismos sin final, y nos lanzamos a todos y cada uno de ellos, de cabeza, sin miedo. Confiando –demasiado quizás- en el terrenal poder de los humanos, en unas alas que no teníamos, que ya habíamos perdido.

Inventamos el fuego, la rueda, la pólvora. Creamos el coche, la tele, las redes, la prensa.

Las mentiras, las excusas, los inviernos, los finales, los puntos, los errores, los riesgos, los insultos, la barbarie, las guerras y sus armas, los muertos y sus cicatrices.

Los secretos.

Las lágrimas, los silencios, los vacíos, las epidemias, las catástrofes, los infieles, lo corrupto.
No contentos con todo esto y más, sino aburridos en nuestra propia miseria inventamos los vicios, el poder, la desgracia, la comunicación, el comercio, la explotación, el hambre, la violación, la esclavitud, el mercado. La democracia.


Y a esto, lo llaman evolución y a nosotros la raza superior. La especie inteligente.